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lunes, 27 de julio de 2015

Crítica de Cine: Filth (2013)

Un buen chute de humor negro

En Filth tenemos al típico personaje gamberro, mujeriego, borracho, drogadicto e hijo de puta sin escrúpulos llevado a un nuevo nivel. Un perfecto compañero de fatigas para "El Lobo".
Nos situamos en Edimburgo con un asesinato de por medio que alguien tiene que resolver, nadie mejor que seis detectives a cada cual más personaje, y que como guinda al pastel servirá como competición entre ellos para ascender en el cuerpo. Hay uno entre los seis policías que hará todo lo posible, legal o ilegal, moral o inmoral, para conseguir el puesto de inspector.

De arranque, haciendo uso de la comedia afilada que mete el dedo en la llaga, vamos descubriendo que esta es una película de hijos de putas, pero que hay uno concretamente dirigiendo el cotarro desde las sombrasque es el más grande con diferencia. Con sus jugarretas varias —cada cual más retorcida— a todos los que se encuentra en su camino, vamos descubriendo como es el "big motherfucker" que protagoniza esta viciosa historia, Bruce Robertson.
Robertson utiliza todo lo que pasa por su cabeza para manipular a sus "contrincantes", ya sea religión, condición sexual, atributos, etc… tiene balas para todos y apunta a la cabeza. Con su personalidad arrollante y su total ausencia de escrúpulos, controla a su jefe, a sus compañeros —a los que también humilla siempre que puede— y por supuesto, a las mujeres de estos, creando situaciones y diálogos delirantes en los que suelta frases despreciables pero brillantes, que acaban rompiendo en la locura marca de la casa, es decir, sexo y drogas.

La mejor manera de valorar lo que hace James McAvoy con su personaje es comparándolo directamente con las acciones de Bruce en Filth, ambos no tienen límites. McAvoy está poseído como demuestra con cada mirada sádica a cámara o en los "interrogatorios callejeros" que se marca en los que pone una intensidad que acojona. Este papel en un mal actor o en uno que no consiga cogerle el tono habría destruido toda la película, pero con James no hace más que elevarla, él es la película, todo gira en torno a él y con su personaje hace funcionar a los demás.
Jon S. Baird dirige y adapta la novela de Irvine Welsh, Escoria (Trainspotting está también entre sus obras), inyectándole la locura necesaria a cada situación que se va presentando. Utiliza abundantes primeros planos como es de esperar para aprovechar la cara de loco de James. El director escocés consigue que por momentos estemos dentro de la molondra de Robertson, arrastrándonos por la suciedad de sus ideas gracias a un ritmo desbordante que nos va llevando por numerosas escenas cada vez más surrealistas.

Pasada la hora, la película abandona el tono humorístico (aunque manteniendo algunos ramalazos) y el caso de asesinato, para adentrarse en la navidad turbia de Bruce Robertson que es una sorpresa tras otra, el termómetro del delirio explota tras cada escena y el guión retrata crudamente como el personaje protagonista pierde el control más aún si cabe en su caída libre final, que simplemente es memorable.
James McAvoy construye un papel alucinante en Filth, que ha pasado totalmente desapercibido fuera de Reino Unido, y sin duda merecía haber recibido un foco de atención superior. Su personaje va jodiendo a todo lo que se mueve en esta comedia negra hasta la primera parte de la cinta que es como un bálsamo para lo que viene a continuación, cuando empieza a volverse impredecible en cada plano mostrándonos lo que hay dentro de la cabeza de Bruce. El último tercio explota en un final que no se te pasa por la cabeza ni de lejos cuando empiezas a ver esta película, que es "Impezonante". 7.






















































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